Estas son mis anéctodas, mis opiniones, mi vida. Es mi lucha por una vida más justa, más plena y más feliz. Es mi vida de arcoiris.
martes, 20 de noviembre de 2012
Lo encontramos, nos estresamos y nos ilusionamos.
En las últimas semanas han pasado más cosas juntas que en los últimos meses. Desde que mi novia me dio (o le dieron) la noticia de que nos mudábamos, siento como si un huracán me hubiera pasado encima sin avisarme o siquiera darme cuenta.
En principio les diré que encontramos casa. Es un departamento en un segundo piso, en un edificio pequeño de sólo tres departamentos, uno por piso. De modo que no tenemos vecinos ni a los lados, ni arriba. La ubicación es excelente y la zona es tranquila, lo que era muy importante para nosotras. Tiene 3 recámaras y una cocina integral muy bonita con mucho espacio para guardar. En fin, es un lugar muy mono con todo lo que queríamos para empezar. Hubiéramos querido una casa, pero con nuestro presupuesto no podíamos conseguir una en una buena ubicación, y las que se ajustaban están en zonas en las que no queremos vivir, así que por ahora será un departamento.
La mudanza será el 30 de noviembre, y tengo mil cosas qué empacar y poco tiempo para hacerlo. Me siento como si me hubieran arrojado sin avisarme al tren en movimiento, y yo no puedo pararlo ni bajarme hasta que llegue a su destino.
Aunque creo que lo más difícil de todo es que a pesar de ser un cambio para ambas hemos tenido que hacerlo por separado. Hemos tenido las dos tanto trabajo y mi novia ha tenido que viajar tanto que no ha habido tiempo de sentarnos a discutir los pormenores del cambio. Es como aquella película de Pedro Infante donde había un personaje que tenía que trabajar tanto que llegaba corriendo a decir "ya llegué, vieja" sólo para cambiarse y salir corriendo otra vez diciendo "ya me voy, vieja."
Así que bueno, me quedan apenas unos días para prepararlo todo para la mudanza, mi cuerpo se resiste, el estrés está al máximo y yo soy un manojo de nervios y lloro cada vez que tengo que volver a despedir a mi mujer.
Pero no me malinterpreten, el cambio es bueno. Estoy segura que después de la tormenta viene la calma y nuestra situación será mejor. Estoy segura que una vez instaladas y trabajando las cosas mejorarán muchísimo, y sé que habrá mejores oportunidades. Es sólo que soy humana y toda esta inestabilidad me afecta.
Y bueno, pues seguimos adelante con todo el estrés pero también con toda la emoción del mundo, con las cajas y las maletas llenas de ilusiones, y con el corazón lleno de amor.
Abrazos dulces.
lunes, 5 de noviembre de 2012
Buscando Casa
Pues esta aventura sigue en pie. El viernes pasado trabajé medio día y a las dos de la tarde salí corriendo (bueno, manejando) a Guadalajara para encontrar a mi novia. Fuimos por la noche a ver un departamento que sonaba mucho mejor de lo que se veía, así que lo descartamos. Cenamos, platicamos y nos emocionamos por la búsqueda del día siguiente.
Al día siguiente emprendimos camino para ver una casa cuyo anuncio, con fotos y todo, nos había encantado. Ahí vamos las dos muy emocionadas en el coche, siguiendo las señas que nos dieron, y el camino empieza a dejar de verse pintoresco para verse un tanto decaído. Para no hacerlo largo, dimos como veinte vueltas por calles enredadas y llenas de baches, para al fin dar con una callecita privada donde estaba la mentada casa. Muy linda, nueva, amplia, con buenos acabados, ¡pero ubicada hasta la quinta! Sólo de pensar en pasar todo ese camino de ida y vuelta por la noche siento que me da algo. Como dice mi novia, muy linda muy linda pero eso de la ubicación fue un big turn off.
En fin, que seguimos vuelta y vuelta recorriendo en el coche varias zonas de la ciudad en busca de avisos de "se renta". Recolectamos infinidad de números de teléfono y nos dimos a la tarea de llamar. Que uno no contestan, que el otro da el contestador, que muchos son mucho más caros de lo que podemos pagar. Buscamos el periódico, vimos anuncios clasificados, paramos en todos los lugares que pudimos. Llamamos a todos. Por la tarde fuimos a ver una casa. Una zona hermosa, tranquila, muy arbolada, en una linda zona residencial. Llegamos. Entramos. Un fracaso. La casa no tiene piso, el refrigerador no cabe dentro de la cocina (¿quién demonios pensó que eso era una buena idea?) las recámaras son diminutas y los muebles no cabrían, y eso si es que consiguiéramos hacerlos subir por la escalera de caracol. Y bueno, otra decepción y descartada.
Sobra decir que cansadas, frustradas y preocupadas, porque aún no habíamos encontrado nada. Mi novia guardó los teléfonos que no contestaron, para llamar hoy. El domingo vimos el diario en casa de su abuela y llamamos para ver un departamento que sonaba muy bien: tres recámaras, dos baños completos, dos lugares de estacionamiento, cocina, sala-comedor, cuarto de lavado. La realidad no nos encantó, pero es lo mejor que hemos visto. Nos recibió una señora mayor muy cómica, que no paraba de hablar y contarnos los detalles del inquilino anterior. Que si tenía muchos gatos, que si hacía fiestas, que si venía de San Luis, que si lo enviaron de trabajo. Y en un momento de distracción nuestra (o sería que ya nos tenía mareadas el relato) nos dice muy fresca: "¿ustedes son pareja?" Mi novia y yo nos miramos con cara de sorpresa, sin poder creer tanta apertura de la vieja, cuando nos dice: "sí, son pareja de trabajo". Jaja bueno, era mucho pedir. Finalmente también el anuncio era muy bueno para ser verdad, porque el lugar tiene muchos detalles, no tiene estufa y el baño no es muy limpio. Así que a seguir buscando.
Mi novia se quedó, yo regresé anoche. Aún no tenemos nada y esto de buscar vivienda se ha vuelto una pesadilla. Hoy ha ido a ver otro departamento y ha vuelto otra vez decepcionada. Más tarde va por otro más, que espero no resulte otra pesadilla.
Si alguien sabe dónde encontrar vivienda en Guadalajara para dos chicas muy responsables, en menos de cinco mil pesos, deposite sus informes aquí.
martes, 30 de octubre de 2012
Preparativos
Y todo sigue en marcha. Desde que supimos la noticia del cambio de ciudad he visto a mi novia como cuatro veces, sólo los fines de semana. El resto de la semana la pasa en "giras" por las ciudades que cubre su puesto y revisando presupuestos y negociando contratos para el próximo año.
Yo por mi parte, con mucho trabajo. Tuvimos un evento grande, un viaje de una semana para capacitación, y los preparativos para estos meses, que son bastante cargados.
Dentro de todo eso lo más desesperante es que todo hay que arreglarlo por teléfono, porque no hemos tenido tiempo para sentarnos a hablar de cómo haremos el cambio y organizarnos. Por lo pronto sabemos que lo mejor será que me quede en mi puesto hasta terminar diciembre, porque de cualquier manera es un mes malo para ponerse a buscar trabajo y un mes más de mi sueldo nos serviría bastante.
El padre de mi novia ha accedido a prestarle el dinero que hace falta para que liquide su coche, por lo que ya sólo tendremos que pagar el mío, y eso es un desahogo con los gastos, sobre todo porque por un tiempo tendrá que cubrirlos todos ella, mientras puedo colocarme de nuevo.
Lo más urgente por ahora es buscar un lugar para vivir. Entre mi trabajo y las giras de mi novia no hemos tenido tiempo de hacerlo, pero el tiempo se viene encima y más vale irlo buscando. Este viernes trabajo medio día porque es Día de Muertos (para los que no saben lo que es, prometo un post), y pienso pedir el sábado para alcanzarla allá el fin de semana y dedicarnos a buscar. Ya les platicaré qué encontramos.
Pero en realidad, lo que me tiene más nerviosa es el momento de decirle a mis padres que me voy. O por qué me voy. O con quién. O todo junto.
Cuando mi mamá se enteró de mi relación con otra mujer, (y entendamos se enteró como que se lo dije, porque saberlo lo sabía) la reacción fue poco menos que catastrófica. Yo tenía terror de confrontarlo, porque conozco a mi madre. Yo sabía que ella no iba a reaccionar bien, no esperaba que lo entendiera, ni que le gustara, ni que lo aceptara, pero eso no evita lo lastimada que me sentí y que todavía me siento con su respuesta. Nunca se me va a olvidar que lo único que dijo y siguió repitiendo la semana que duró sin salir de la cama más que para insultarme fue: "prefiero morirme".
Hasta antes de eso mi madre era alguien dura y muy poco expresiva, que aprendió de su propia madre que había que hacer sentir a los demás culpables para que no se fueran, para que la quisieran a una. Pero yo la quise igual. Yo crecí con la omnipotencia de las palabras de mi madre, yo valoré su opinión como única verdad siempre. Y el día que su opinión fue que yo era tan poca cosa para ella que prefería morirse, mi mundo se derrumbó. Me costó y me cuesta mucho cada día el darme cuenta de que para ella ya no formo parte de su familia. Y es raro, porque una parte de ella se siente mal por eso, pero no puede o no quiere cambiarlo. No me llama nunca, más que para reclamarme porque no la he llamado, pero no es el tono amoroso o siquiera lastimero con que lo hacen muchas madres. Ni siquiera es un chantaje. Sólo es el comentario hiriente para recordarme que yo la abandoné, que yo la "cambié" por otra, que yo no me preocupo por ella por culpa de "esa".
Y yo me muero de tristeza. Me duele sentir que no le interesa mi vida, que no quiere saber nada, que cuando estoy con ella tengo que cuidar lo que digo: compré en vez de compramos, hice en vez de hicimos, para no provocarle un disgusto que haga que quiera morirse otra vez. Y quizás lo que más me duele es que es la primera vez que me siento tan contenta con mi vida, y no puedo contárselo a ella.
En fin, a seguir con los preparativos, a esperar lo mejor de cada cosa, a soñar como siempre que un día cambiará la cosa. A amarrar los nervios que se me hacen nudo de pensar en contarle lo del cambio a ella. Tengo miedo. El rechazo viene otra vez.
Besos amargos.
Yo por mi parte, con mucho trabajo. Tuvimos un evento grande, un viaje de una semana para capacitación, y los preparativos para estos meses, que son bastante cargados.
Dentro de todo eso lo más desesperante es que todo hay que arreglarlo por teléfono, porque no hemos tenido tiempo para sentarnos a hablar de cómo haremos el cambio y organizarnos. Por lo pronto sabemos que lo mejor será que me quede en mi puesto hasta terminar diciembre, porque de cualquier manera es un mes malo para ponerse a buscar trabajo y un mes más de mi sueldo nos serviría bastante.
El padre de mi novia ha accedido a prestarle el dinero que hace falta para que liquide su coche, por lo que ya sólo tendremos que pagar el mío, y eso es un desahogo con los gastos, sobre todo porque por un tiempo tendrá que cubrirlos todos ella, mientras puedo colocarme de nuevo.
Lo más urgente por ahora es buscar un lugar para vivir. Entre mi trabajo y las giras de mi novia no hemos tenido tiempo de hacerlo, pero el tiempo se viene encima y más vale irlo buscando. Este viernes trabajo medio día porque es Día de Muertos (para los que no saben lo que es, prometo un post), y pienso pedir el sábado para alcanzarla allá el fin de semana y dedicarnos a buscar. Ya les platicaré qué encontramos.
Pero en realidad, lo que me tiene más nerviosa es el momento de decirle a mis padres que me voy. O por qué me voy. O con quién. O todo junto.
Cuando mi mamá se enteró de mi relación con otra mujer, (y entendamos se enteró como que se lo dije, porque saberlo lo sabía) la reacción fue poco menos que catastrófica. Yo tenía terror de confrontarlo, porque conozco a mi madre. Yo sabía que ella no iba a reaccionar bien, no esperaba que lo entendiera, ni que le gustara, ni que lo aceptara, pero eso no evita lo lastimada que me sentí y que todavía me siento con su respuesta. Nunca se me va a olvidar que lo único que dijo y siguió repitiendo la semana que duró sin salir de la cama más que para insultarme fue: "prefiero morirme".
Hasta antes de eso mi madre era alguien dura y muy poco expresiva, que aprendió de su propia madre que había que hacer sentir a los demás culpables para que no se fueran, para que la quisieran a una. Pero yo la quise igual. Yo crecí con la omnipotencia de las palabras de mi madre, yo valoré su opinión como única verdad siempre. Y el día que su opinión fue que yo era tan poca cosa para ella que prefería morirse, mi mundo se derrumbó. Me costó y me cuesta mucho cada día el darme cuenta de que para ella ya no formo parte de su familia. Y es raro, porque una parte de ella se siente mal por eso, pero no puede o no quiere cambiarlo. No me llama nunca, más que para reclamarme porque no la he llamado, pero no es el tono amoroso o siquiera lastimero con que lo hacen muchas madres. Ni siquiera es un chantaje. Sólo es el comentario hiriente para recordarme que yo la abandoné, que yo la "cambié" por otra, que yo no me preocupo por ella por culpa de "esa".
Y yo me muero de tristeza. Me duele sentir que no le interesa mi vida, que no quiere saber nada, que cuando estoy con ella tengo que cuidar lo que digo: compré en vez de compramos, hice en vez de hicimos, para no provocarle un disgusto que haga que quiera morirse otra vez. Y quizás lo que más me duele es que es la primera vez que me siento tan contenta con mi vida, y no puedo contárselo a ella.
En fin, a seguir con los preparativos, a esperar lo mejor de cada cosa, a soñar como siempre que un día cambiará la cosa. A amarrar los nervios que se me hacen nudo de pensar en contarle lo del cambio a ella. Tengo miedo. El rechazo viene otra vez.
Besos amargos.
martes, 9 de octubre de 2012
Baby Steps
Y bueno, pues hay que empezar todo de nuevo. No me hace gracia, pero me emociona. Quisiera cerrar los ojos, abrirlos y aparecer en la nueva casa con todo mudado y acomodado, y con un trabajo al que asistir.
Pero no, la cosa no es así de fácil. Que si no, cualquiera la haría. Y aunque sé que tiene que ser posible y que no voy a ser la primera ni la última que se muda a otra ciudad, pues todavía tengo muchas preguntas y pocas respuestas. Y es que tampoco me culpen, yo nací en un pueblito y de repente nos mudamos a lo que a mí me parecía una ciudad enorme. En 20 años de vivir aquí León se convirtió en otro pueblo, donde ya no se encuentra nada qué hacer y cada vez que sales a la calle encuentras a alguien conocido.
Pero bueno, a pesar de que no vivo en un pueblito no se puede negar que Guadalajara es otra cosa. Así que si esa vez sentí que era una ciudad enorme, ahora siento que me mudo poco menos que a la gran metrópoli, jajaja.
Por lo pronto mi novia se ha ido toda la semana, viene el jueves a varias reuniones de trabajo pero se regresa el mismo día, viene con sus nuevos jefes y no nos podremos ver. Va a estar yendo y viniendo un tiempo, pasando allá al menos dos días de cada semana, mientras encuentra un departamento o casa allá para vivir.
Y aquí vienen las preguntas para mí. Porque sigo sin saber cómo manejar este cambio con respecto a mi trabajo. A mi novia le apoyan durante un mes, a partir de que realicen su ajuste de sueldo, mientras encuentra dónde vivir y puede establecerse. Pero después de ese mes tiene que mudarse. También le dan gastos de mudanza. No quiero irme sin un trabajo pero si ella tiene que mudarse yo no puedo quedarme. No tengo dónde quedarme aquí y no podemos costear doble mudanza. Por otro lado pienso que es más práctico buscar trabajo estando allá, pero me aterra volver al desempleo y a la angustia de no encontrar trabajo tan pronto como quisiera. Aunque tampoco sé si sea muy fácil obtener trabajo desde aquí y sin poder acudir a entrevistas, porque obviamente mi jefe no puede enterarse aún que me voy.
No lo sé, igual y si alcanza el nuevo sueldo de ella para todos los gastos podría renunciar, mudarme y empezar allá la búsqueda. Y podría darle a mi jefe suficiente tiempo para buscar un reemplazo y entrenarlo. Y tendría entonces disponibilidad inmediata.
Realmente no sé qué hacer. Por lo pronto actualizo mi Currículum, reviso vacantes y bolsas de trabajo por internet. Espero que eso vaya aclarando las cosas.
¿Qué harían ustedes? Espero los comentarios de mis dos lectoras. (Si me lees y no has comentado este es el momento! Por favor!)
Siento que empiezo, siento que todo es nuevo. Siento que doy pasitos de bebé.
viernes, 5 de octubre de 2012
Vamos a volar
Estoy que no puedo de los nervios. Mis manos se han puesto heladas, el corazón me late con fuerza, no me puedo concentrar.
Estoy emocionada y contenta, sorprendida, preocupada, temerosa.
Mi novia trabaja en una empresa bastante grande. Tiene un puesto estratégico y ha sabido volverse necesaria. Hace unos días empezó a hablarse de cambios. Hoy al fin le han dado la noticia: la ascienden. Le van a dar más territorio y por ende más trabajo, pero por ende también más sueldo.
Y he aquí el asunto más importante: hay que cambiar de ciudad.
La verdad sea dicha, no he terminado de procesarlo todo. Me siento muy emocionada y muy contenta. Ansiosa y soñadora como soy ya me imaginé viviendo allá y haciendo esto, aquello, lo otro y lo de más allá. El cambio es bueno. El cambio es progreso, superación, renovación, desapego. Yo siempre he aceptado bien los cambios (al menos eso creo) y la mayoría de las veces hasta los he buscado: de trabajo, de casa, ¡hasta de país! Pero esque el cambio de a dos es otra cosa. Y entonces, después de toda la emoción, viene el miedo.
Yo iría detrás de ella hasta la luna, de eso no tengo duda. No me preocupa el cambio de ciudad, ni dejar a mi familia (finalmente no somos cercanos desde que salí del closet) o a mis amigos. La ciudad en la que vivo, medio escuálida, mal hecha y muy mocha no me conmueve ni un poco. ¿Por qué siento entonces ese nudo en el estómago, ese sudor frío en las manos y esa vorágine de preocupaciones que no me dejan pensar? Por mi trabajo.
Trabajo como Gerente de Marketing en una agencia automotriz. Mi trabajo no es ni malo, ni bueno. Mi puesto tiene de gerencia sólo el nombre, porque no se me concede ni presupuesto ni autoridad. Mis actividades son agradables en teoría, aunque no puedan llegar a la práctica por las negativas de presupuesto. Está bastante lejos de casa y el horario no es el mejor. Mi sueldo no está acorde a mis responsabilidades, aunque no sea malo. No existe ninguna oportunidad de crecimiento. Voy a cumplir un año en noviembre y de cualquier modo estaba pensando en buscar otro trabajo. Pero el asunto es que no sé cómo buscarlo en otra ciudad. No puedo dejar mi trabajo actual sin tener otro, porque hay deudas qué pagar. ¿Qué hace una para ser considerada sobre un candidato que ya vive en la ciudad destino? ¿Cómo se explica que se quiere una ir, pero no puede ir a una entrevista allá? ¿Cuánto más se debe pedir? Dudas logísticas que no sé cómo resolver.
Y además, muy a mi pesar, algo que tengo que reconocer: soy una persona insegura, y el logro de mi novia me amedrenta y me hace pensar que yo no soy tan buena. Miro las ofertas de empleo en la nueva ciudad y pienso que no podría hacer ese trabajo, a pesar de que sé que tengo la habilidad o la experiencia. Y pienso de repente que nunca seré tan buena como ella.
Pero como sé que probablemente me lea y no quiero una confusión innecesaria, va una nota para ella:
Amor, me siento feliz y emocionada de lo que has logrado. Te admiro y me encanta verte conseguir lo que mereces, lo que con todo tu esfuerzo te has ganado. Estoy segura que podrás con esto como has podido siempre ante cualquier reto y cualquier adversidad. Y te repito que si es necesario me mudo contigo a Liechtenstein. Te amo y amo verte crecer y sentirte plena y profesional. Sé que el cambio será difícil, sé que habrá mucho trabajo, poco tiempo y mucho por resolver. Estoy contigo. Lo resolveremos juntas. Acepto con gusto el reto aunque tenga miedo, aunque cueste mucho esfuerzo, aunque no sepa cómo resolverlo. Prometo esforzarme por ser paciente, prometo ser lo más comprensiva posible, prometo ser un apoyo en todo momento. Quiero ver este cambio como un logro conjunto, simplemente porque me has elegido para ser parte de tu vida. Así que, con todo y el miedo que me da, prometo hacer un esfuerzo para demostrarte que puedo ser la que admiras, la que crees, la que ves. Te amo.
Estoy emocionada y contenta, sorprendida, preocupada, temerosa.
Mi novia trabaja en una empresa bastante grande. Tiene un puesto estratégico y ha sabido volverse necesaria. Hace unos días empezó a hablarse de cambios. Hoy al fin le han dado la noticia: la ascienden. Le van a dar más territorio y por ende más trabajo, pero por ende también más sueldo.
Y he aquí el asunto más importante: hay que cambiar de ciudad.
La verdad sea dicha, no he terminado de procesarlo todo. Me siento muy emocionada y muy contenta. Ansiosa y soñadora como soy ya me imaginé viviendo allá y haciendo esto, aquello, lo otro y lo de más allá. El cambio es bueno. El cambio es progreso, superación, renovación, desapego. Yo siempre he aceptado bien los cambios (al menos eso creo) y la mayoría de las veces hasta los he buscado: de trabajo, de casa, ¡hasta de país! Pero esque el cambio de a dos es otra cosa. Y entonces, después de toda la emoción, viene el miedo.
Yo iría detrás de ella hasta la luna, de eso no tengo duda. No me preocupa el cambio de ciudad, ni dejar a mi familia (finalmente no somos cercanos desde que salí del closet) o a mis amigos. La ciudad en la que vivo, medio escuálida, mal hecha y muy mocha no me conmueve ni un poco. ¿Por qué siento entonces ese nudo en el estómago, ese sudor frío en las manos y esa vorágine de preocupaciones que no me dejan pensar? Por mi trabajo.
Trabajo como Gerente de Marketing en una agencia automotriz. Mi trabajo no es ni malo, ni bueno. Mi puesto tiene de gerencia sólo el nombre, porque no se me concede ni presupuesto ni autoridad. Mis actividades son agradables en teoría, aunque no puedan llegar a la práctica por las negativas de presupuesto. Está bastante lejos de casa y el horario no es el mejor. Mi sueldo no está acorde a mis responsabilidades, aunque no sea malo. No existe ninguna oportunidad de crecimiento. Voy a cumplir un año en noviembre y de cualquier modo estaba pensando en buscar otro trabajo. Pero el asunto es que no sé cómo buscarlo en otra ciudad. No puedo dejar mi trabajo actual sin tener otro, porque hay deudas qué pagar. ¿Qué hace una para ser considerada sobre un candidato que ya vive en la ciudad destino? ¿Cómo se explica que se quiere una ir, pero no puede ir a una entrevista allá? ¿Cuánto más se debe pedir? Dudas logísticas que no sé cómo resolver.
Y además, muy a mi pesar, algo que tengo que reconocer: soy una persona insegura, y el logro de mi novia me amedrenta y me hace pensar que yo no soy tan buena. Miro las ofertas de empleo en la nueva ciudad y pienso que no podría hacer ese trabajo, a pesar de que sé que tengo la habilidad o la experiencia. Y pienso de repente que nunca seré tan buena como ella.
Pero como sé que probablemente me lea y no quiero una confusión innecesaria, va una nota para ella:
Amor, me siento feliz y emocionada de lo que has logrado. Te admiro y me encanta verte conseguir lo que mereces, lo que con todo tu esfuerzo te has ganado. Estoy segura que podrás con esto como has podido siempre ante cualquier reto y cualquier adversidad. Y te repito que si es necesario me mudo contigo a Liechtenstein. Te amo y amo verte crecer y sentirte plena y profesional. Sé que el cambio será difícil, sé que habrá mucho trabajo, poco tiempo y mucho por resolver. Estoy contigo. Lo resolveremos juntas. Acepto con gusto el reto aunque tenga miedo, aunque cueste mucho esfuerzo, aunque no sepa cómo resolverlo. Prometo esforzarme por ser paciente, prometo ser lo más comprensiva posible, prometo ser un apoyo en todo momento. Quiero ver este cambio como un logro conjunto, simplemente porque me has elegido para ser parte de tu vida. Así que, con todo y el miedo que me da, prometo hacer un esfuerzo para demostrarte que puedo ser la que admiras, la que crees, la que ves. Te amo.
domingo, 30 de septiembre de 2012
Del Baúl de los Recuerdos
La semana pasada fui a ver a mi mamá. Fui en realidad a recoger la correspondencia que el banco no ha entendido que debe dejar de enviar allá, porque en realidad la relación con mi mamá se ha vuelto tan extraña que me es muy difícil encontrar una buena razón para ir a buscarla, pero eso ya se los contaré después.
El caso es que fui, y entre los comentarios por el clima y el trabajo me contó que fue al pueblo (somos de un pueblo muy pequeño del que nos mudamos cuando yo tenía unos 8 años) y visitó a unos amigos de la familia, que le dijeron que su hija A se va a casar. Me pareció lo más lógico en una familia tan tradicional, y hasta me dio gusto. Y de repente recordé una historia que por alguna razón se fue al fondo de mi mente hace más de 20 años.
Resulta que A es la segunda de 3 hermanas. Su familia vivía en la casa de al lado y su hermana mayor Y era una niña de mi edad. Íbamos a la misma escuela (de monjas, por cierto, y de puras niñas) aunque no al mismo salón, pero pasábamos las tardes jugando juntas. Y era una niña muy tímida pero le encantaba jugar conmigo, y yo me sentía importante de que ella y su hermana me buscaran. Mi mamá trabajaba todo el tiempo y la mayor parte del día se encerraba en su oficina mientras nosotras nos entreteníamos en el cuarto de juegos que estaba en el tercer piso. A Y le encantaba venir a mi casa, yo disponía de todo ese espacio para jugar a mi antojo y muchos juguetes heredados de mis hermanas. Incontables fueron las noches que pasé en su casa, o ella en la mía.
Un día llegó a contarme que había visto una película muy divertida que le compró su papá y me la contó. No recuerdo cuál era, pero recuerdo que era mexicana y medio sentimental, una historia de niños o algo así. Le pedí que me invitara a verla, pero me dijo que su papá ya no las dejaba verla porque al principio se veían cortos de otras películas que los niños no debíamos ver. Bastó con decir eso para dejarme pensando y nos pusimos a idear maneras para verla a escondidas.Creo que tenía yo más curiosidad por las mentadas escenas que por la dichosa película.
El caso es que logramos sustraer el video (VHS, todavía) y lo llevamos a mi casa. Lo pusimos. Había imágenes de una pareja desnuda, y recuerdo que me impresionó muchísimo cuando el muchacho se acostó encima de la chica. No recuerdo más, ni siquiera puedo recordar qué película era, solo recuerdo que estaba muy impresionada. Esa noche Y se quedó a dormir conmigo.
- ¿Viste lo que hicieron los muchachos de la película?
- Sí. Le dije.
- ¿Por qué lo harán?
- Yo creo que les gusta. A lo mejor se siente rico.
- ¿Quieres ver qué se siente?
Yo no podía creer lo que me decía, pero tampoco lo pensé mucho. Era extraño, pero también era natural. Sentía que estaba haciendo algo muy malo, pero solo porque su papá lo decía. Nos quitamos la piyama. Empezamos a besarnos y en cierto momento la tenía encima. No puedo decir que me excitara, porque ni siquiera sabía lo que era, pero recuerdo que su piel suave se sentía bien.
Pasó varias veces, nunca lo hablábamos, nunca dijimos nada. Poco después me mudé de la ciudad. No la ví en años, luego volví a verla un par de veces, luego me invitó a su boda. No volví a pensar en esas sensaciones hasta ahora, que mi madre me hizo pensar en ellas. Nunca se lo conté a nadie, pero ni siquiera es que lo ocultara. Simplemente creo que me di cuenta de alguna manera que estaba haciendo algo malo, algo prohibido, algo que si decía todos se iban a enfadar. Y así es como se fue hasta el fondo de mi memoria, al baúl de los recuerdos, hasta ahora. Hasta ahora que sé quién soy, hasta ahora que puedo mirar al espejo y éste me devuelve una mirada más plena y femenina. Hasta ahora he recordado el inicio.
Abrazos achocolatados.
El caso es que fui, y entre los comentarios por el clima y el trabajo me contó que fue al pueblo (somos de un pueblo muy pequeño del que nos mudamos cuando yo tenía unos 8 años) y visitó a unos amigos de la familia, que le dijeron que su hija A se va a casar. Me pareció lo más lógico en una familia tan tradicional, y hasta me dio gusto. Y de repente recordé una historia que por alguna razón se fue al fondo de mi mente hace más de 20 años.
Resulta que A es la segunda de 3 hermanas. Su familia vivía en la casa de al lado y su hermana mayor Y era una niña de mi edad. Íbamos a la misma escuela (de monjas, por cierto, y de puras niñas) aunque no al mismo salón, pero pasábamos las tardes jugando juntas. Y era una niña muy tímida pero le encantaba jugar conmigo, y yo me sentía importante de que ella y su hermana me buscaran. Mi mamá trabajaba todo el tiempo y la mayor parte del día se encerraba en su oficina mientras nosotras nos entreteníamos en el cuarto de juegos que estaba en el tercer piso. A Y le encantaba venir a mi casa, yo disponía de todo ese espacio para jugar a mi antojo y muchos juguetes heredados de mis hermanas. Incontables fueron las noches que pasé en su casa, o ella en la mía.
Un día llegó a contarme que había visto una película muy divertida que le compró su papá y me la contó. No recuerdo cuál era, pero recuerdo que era mexicana y medio sentimental, una historia de niños o algo así. Le pedí que me invitara a verla, pero me dijo que su papá ya no las dejaba verla porque al principio se veían cortos de otras películas que los niños no debíamos ver. Bastó con decir eso para dejarme pensando y nos pusimos a idear maneras para verla a escondidas.Creo que tenía yo más curiosidad por las mentadas escenas que por la dichosa película.
El caso es que logramos sustraer el video (VHS, todavía) y lo llevamos a mi casa. Lo pusimos. Había imágenes de una pareja desnuda, y recuerdo que me impresionó muchísimo cuando el muchacho se acostó encima de la chica. No recuerdo más, ni siquiera puedo recordar qué película era, solo recuerdo que estaba muy impresionada. Esa noche Y se quedó a dormir conmigo.
- ¿Viste lo que hicieron los muchachos de la película?
- Sí. Le dije.
- ¿Por qué lo harán?
- Yo creo que les gusta. A lo mejor se siente rico.
- ¿Quieres ver qué se siente?
Yo no podía creer lo que me decía, pero tampoco lo pensé mucho. Era extraño, pero también era natural. Sentía que estaba haciendo algo muy malo, pero solo porque su papá lo decía. Nos quitamos la piyama. Empezamos a besarnos y en cierto momento la tenía encima. No puedo decir que me excitara, porque ni siquiera sabía lo que era, pero recuerdo que su piel suave se sentía bien.
Pasó varias veces, nunca lo hablábamos, nunca dijimos nada. Poco después me mudé de la ciudad. No la ví en años, luego volví a verla un par de veces, luego me invitó a su boda. No volví a pensar en esas sensaciones hasta ahora, que mi madre me hizo pensar en ellas. Nunca se lo conté a nadie, pero ni siquiera es que lo ocultara. Simplemente creo que me di cuenta de alguna manera que estaba haciendo algo malo, algo prohibido, algo que si decía todos se iban a enfadar. Y así es como se fue hasta el fondo de mi memoria, al baúl de los recuerdos, hasta ahora. Hasta ahora que sé quién soy, hasta ahora que puedo mirar al espejo y éste me devuelve una mirada más plena y femenina. Hasta ahora he recordado el inicio.
Abrazos achocolatados.
jueves, 27 de septiembre de 2012
Ritual
Suena el despertador. Doy vuelta, lo apago por 10 minutos, me acomodo. Te siento entre sueños, respiras, te aferras a esos últimos hilos de sueño. Suena de nuevo, lo apago de nuevo, te levantas. Caminas despacio hacia el baño, te desnudas, dejas correr el agua. Yo doy la vuelta en la cama y hundo la cabeza en la almohada para buscar tu olor. Te extraño.
Sales del baño, hermosa, etérea, con el cuerpo fresco y la piel oliendo a hierbas. Me miras, no me miras, te sientas.
Y entonces llega. Ese ritual de cada mañana sin el cual mi día no funciona igual. Te espero medio dormida, medio despierta, me abrazas despacio, me hablas despacio, me besas.
Y entonces tu ritual de amor me devuelve a la vida.
Sales del baño, hermosa, etérea, con el cuerpo fresco y la piel oliendo a hierbas. Me miras, no me miras, te sientas.
Y entonces llega. Ese ritual de cada mañana sin el cual mi día no funciona igual. Te espero medio dormida, medio despierta, me abrazas despacio, me hablas despacio, me besas.
Y entonces tu ritual de amor me devuelve a la vida.
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